Es fácil perderse en la niebla; sobre todo cuando es tan espesa que no logramos ver más allá de nuestra nariz.
Justo ese momento en el que la gran nube se mete en nuestros ojos es el que aprovechan los sueños y pesadillas para acariciarnos de cerca. Y entonces es posible que el que camina a mi lado sea el lobo, vestido de abuelita, que se empeña en caminar con esos zapatitos de cristal que se encontró en el bosque.
Y esto es lo maravilloso de la niebla; cómo consigue transformar la realidad en algo onírico, donde todo lo imaginable puede suceder. Ya no sabemos si seguimos anclados al suelo, o si la nube ha alzado el vuelo para llevarnos allá donde la realidad no llega.
Un día, la niebla me llevó a un mundo donde la gente había olvidado quién era y andaban de un lado a otro buscando un color, una palabra, una persona, un sonido... que les ayudase a recordar. También observé que los que aún no habían olvidado, se esforzaban por registrar lo poco que les quedaba... ilusos... en el mundo de la "desmemoria" no hay posibilidad de registro, ni anclajes, ni referencias... como en la niebla.
¿Y vosotros qué habéis encontrado en la niebla?
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En la niebla puedes encontrarte a ti mismo, pero lo peor es que también puedes perderte. Hay momentos en la vida en los que la niebla aparece tan de repente que anula tu capacidad para ver más allá de tu propio ombligo. Dejamos de ver personas, lugares, momentos que van quedando atrás y no nos damos cuenta de que a veces cuando salimos de esa niebla ya es demasiado tarde para recuperarlos. Por eso creo que cuando uno se encuentra en mitad de la niebla al igual que cuando se pretende beber agua de un arroyo por el que acaba de pasar un carruaje, hay que dejarlo estar, dejarlo reposar, ser paciente y una vez que todo haya vuelto a la normalidad, retomar nuestro camino.
ResponderEliminarUn saludo y gracias por pasarte por mi blog, si no te importa me uno como seguidor.